Desde la ventana se domina buena parte del entorno, un paisaje que cambia por completo entre el amanecer y el atardecer. Es, para muchos huéspedes, el motivo por el que repiten.
La zona de trabajo está pensada para quien alarga el viaje unos días más: escritorio amplio, dos enchufes accesibles y conexión estable para videollamadas.
El descanso es la prioridad: colchón de muelles ensacados, ropa de cama de algodón egipcio de 300 hilos y cortinas opacas que aíslan por completo de la luz exterior.
La estancia se abre a un espacio diáfano en el que la luz natural entra durante buena parte del día. Los materiales elegidos —roble, lino y piedra caliza— buscan una sensación de calma inmediata nada más cruzar la puerta.